Mocos, tos, fiebre… ¿cuándo ir a la guardia?

Primero de todo hay que detenerse a pensar que la guardia es para situaciones de riesgo de vida. No es para certificados, recetas, aptos físicos ni para charlas de alimentación complementaria.

Segundo, es por prioridad. Las patologías más graves se atenderán primero, no importa el orden de llegada. Por ejemplo, un bebé de un mes con fiebre es mucho más urgente que una fiebre en un niño de un año que está jugando.

Signos y síntomas que ameritan ir a la guardia:

  • Dificultad para respirar: «agitación», niños que respiran muy rápido y con cansancio, se le hunde la panza o las costillas al respirar, cambios de coloración.
  • Dificultad para hidratarse: bebés que rechazan el pecho o la mamadera, niños que no toman liquido o vomitan todo. Nos preocupa EL LIQUIDO, cuando están enfermos es normal que coman poco.
  • Fiebre (38° o más) en bebés menores de 3 meses o fiebre en niños mayores en mal estado general. No es una cuestión de 48 horas: hay que mirar CÓMO ESTÁN los chicos, y si amerita guardia o consulta con pediatra.
  • Caca con sangre.
  • Bebé o niño que no hace pis.
  • Mal estado general: esto es súper importante. Los chicos cuando se sienten mal no están igual que siempre. Pero es diferente un niño con fiebre que juega cuando se siente mejor de uno que no responde, está muy dormido o aletargado. En esos casos, mejor consultar.
  • Para otras cuestiones, tenemos la consulta por consultorio de demanda espontánea (muchos hospitales y centros de salud públicos y obras sociales cuentan con ese servicio) y el consultorio del pediatra de cabecera.
  • Ir a la guardia por lunares, por ejemplo (me pasó), sobrecarga el tiempo de espera de otro niño que necesita ser atendido pronto, y expone a niños con enfermedades benignas a otras enfermedades en la sala de espera. No es raro ir a consultar por un resfrío y volverse con conjuntivitis y gastroenteritis.
  • El invierno es una época terrible para la pediatría. Algunos pediatras, como yo, trabajamos mayormente en prevención (sostén de lactancia materna, información para la comunidad, promoción de las vacunas, mejora en la alimentación familiar, promoción de los ambientes libres de humo) y otros en guardia, como el papá de Liso, que festejó su día del padre sin dormir ni una hora en 24 horas de trabajo (cosa que también tenemos que cambiar, pues no le hace bien a nadie y mucho menos a las familias y niños).

Apostemos, todos juntos, a la prevención como acto social.

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